Relato por Klifo.
Estaban listos para partir cuando el auto se inclinó bruscamente hacia delante, uno de los seres sobrenaturales caía sobre la tapa del coche desde quién sabe donde, éste miró al interior del auto y vio que los dos chicos trataban de escapar a toda costa del vehículo, atravesó su brazo a través del parabrisas, destruyéndolo por completo, asió con su mano ciclópea a Daniel y lo sacó del coche por el mismo lugar por donde había introducido el brazo, lo alzó hasta colocarlo a nivel con su rostro de aspecto temible. Daniel pataleaba sin parar y trataba de alcanzar el sable que llevaba en la espalda. Su enemigo entendió el motivo de sus esfuerzos y sonrió apenas perceptiblemente, en ademán de desprecio por lo que tramaba Daniel.
Shilo, a pesar del brusco golpe, logró salir del auto, al hacerlo se dio cuenta de que ya no le ardía la garganta e intuyó que quizás podría hablar sin dificultades. Se decidió a salvarle la vida a Daniel justo como él había salvado la suya, una hora atrás. Mejoró su postura, irguiéndose en una pose recta y orgullosa, junto sus manos frente al pecho, de igual forma como los budistas juntan sus manos cuando se disponen a rezar. Cerró los ojos y recordó el rostro de su abuelo. Logró detener el temblor de su cuerpo y serenarse absolutamente. Entonces, empezó a recitar, cada vez más fuerte, hasta que se descubrió gritando a viva voz, lo que asemejaba una antigua oración:
-¡Hurin abba, t'amil q'edsa!-
-¡Hurin Lyeja, t'amil udn'aan!-
... Continuara!
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